Un cactus florece en el desierto de la libertad de Mesoamérica. Crece con
las gotas del rocío del dolor y de la unidad de los pueblos.
Sus espinas almacenan y decantan el agua. Son filtros que depuran las
comunidades del cianuro y los metales que envenenan el cuerpo
humano y las entrañas de la Madre Tierra.
Tiene el coraje y el cariño de la mujer que abraza la lucha indígena,
campesina y obrera; perseguida y asesinada por sicarios, ejércitos y
policías, fieles guardianes de las arcas que se han enriquecido con el
hambre y el sufrimiento histórico de los pueblos.
Es el asalto por el complejo militar minero agroindustrial de la
globalización neoliberal desde Chiapas, Guerrero, San Luis de Potosí,
Triqui, San Juan de Copala, Oaxaca en México; Guatemala, Honduras, el
Salvador, Costa Rica, Panamá, Colombia hasta Chile y Argentina.
En las flores y espinas del CACTUS brota el sufrimiento y la sangre de
la Madre Tierra.
La invasión tecnológica del capital financiero derribó las sacras
montañas, encarceló las aguas en las represas y la vida en el planeta. El
cazador del planeta disparó sus armas con la precisión letal del
francotirador el 27 de abril 2010, para conmemorar la celebración
mundial del mes de la Madre Tierra.
Las balas penetraron en las espinas asesinando el Corazón del CACTUS
de America Latina, cuyo nombre es Beatriz Alberta Cariño Trujillo
(Betty Cariño), mártir de la lucha popular; como el también mártir
asesinado, el finlandés Juri Jaakkola, observador de Derechos Humanos.
El plomo de las balas se extrajo con el hambre de los pueblos, con los
pulmones carcomidos y los rostros prematuramente envejecidos de los
obreros mineros y la piel arrugada; pintada por enfermedades que
adquieren las mujeres cuando lavan las ropas en las aguas
contaminadas.
Fueron las mismas balas que se emplearon en Irak y en Guantánamo.
Es el plomo del golpe militar qua ha matado periodistas, campesinos del
Bajo Aguan; mujeres, niños y niñas en Honduras.
Son las balas disparadas por cobardes fundamentalistas que se amparan
en nombre de Dios, la democracia, la ley y el orden.
El CACTUS simboliza la Resistencia. Con él saludamos a Betty y a Juri
y a todos los y las mártires, dirigentes, comunidades y pueblos; con el
espíritu fraterno del Frente Nacional de Resistencia Popular que lucha
contra la tortura, el crimen de lesa humanidad y el desamor planetario de
los opresores internos y extranjeros.
Levantemos la voz, movilicemos a los pueblos y la conciencia histórica
de la solidaridad contra el esclavismo, el racismo y la explotación de
todos los condenados de la tierra.
La conciencia histórica del CACTUS es la esperanza de la resistencia y
la unidad de los pueblos de America Latina contra el Complejo Militar
Minero Agroindustrial y sus espinas son el símbolo de nuestra
inconformidad, de la Resistencia de los pueblos del mundo.
Tegucigalpa, abril. 2010.
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